«Amigo Juarroz: Perdóneme que haya tardado tanto en contestarle, pero no hace mucho que volví a París, después de unos meses de trabajo en Viena. Hace tiempo que quería decirle que la revista me es muy preciosa en la medida en que puede hacerme oír desde tan lejos las voces nuevas y jóvenes de la Argentina. Pero ahora le escribo por otra razón más imperiosa: acado de terminar la lectura de Segunda poesía vertical, y estoy todavía maravillado, sin dar ese paso atrás que inevitablemente damos después de que un poeta nos ha hecho avanzar un poco más hacia la gran verdad de su mundo, del mundo. Sus poemas me parecen de lo más alto y de lo más hondo (lo uno por lo otro, claro) que se ha escrito en español en estos años. [...] Siempre he amado una poesía que procede por inversión de signos; el uso de la ausencia en Mallarmé, algunas “antie-sencias” de Macedonio, los silencios en la música de Weber. Pero usted potencia hasta lo increíble esas inversiones que en otras manos suelen acabar en juegos de palabras. Y entonces, esa mirada que ve y la que no ve, una vez retorcidas en un mismo hilo, son algo prodigiosamente fecundo, una invención de ser. Hacía mucho que no leía poemas que me extenuaran y me exaltaran como los suyos, y se lo digo así al galope y sin releer, porque al final uno se pone tonto y le dan miedo tantas palabras sonoras. Pero siento que usted me creerá, y que ya somos amigos, y un abrazo.» (Julio Cortázar, carta recogida en el volumen: Roberto Juarroz, Poesía vertical I, Buenos Aire, Emecé, 2005)
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1
Una red de mirada
mantiene unido el mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse a una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos.
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Roberto Juarroz, ´Poesía vertical´[1958]
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4
La sinceridad disimulada de la noche
guía las gotas de la lluvia
hacia la atención ejemplar de las cosas
y una sílaba antigua,
una gota de hombre,
humedece las paredes porosas del pensamiento.
Mariposa de piedra viva
que recoge el color de una estrella apagada
para enunciar la felpa ardiente
donde el pensar es pasto de las cosas,
torre de alimento
para el hambre intersticial y alerta.
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Pensar es como amar.
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Roberto Juarroz, ´Tercera poesía vertical´[1965]