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Archive for 19 septiembre 2011

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Tras el verano, La Huelga retoma sus ciclos de poesía. Noni Benegas abre la nueva estación poética: “Cuerpo y sueño” para esta cita.

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Exilio de la mirada. Carbonilla y sanguina

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Cuando dejé de escribir a máquina (y de presionar con fuerza las teclas), para pasar al toque tenue del ordenador, hice el duelo a mi manera: compré carbonilla y sanguina, hojas de Canson y me puse a trabajar en lo que llamo “pulsos”.
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Consiste en cerrar los ojos, tomar un trozo de cada una en la mano y descargar sobre la hoja esos impulsos, que por los nervios y la sangre bajan hacia el papel.
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¿Por qué con los ojos cerrados?
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Porque así como cuando escribo intento no repetir los discursos que flotan alrededor y espero a ciegas lo que busca decirse dentro de mí, así creo que hay que dejar a la mano hablar, sin dirigir ni corregir el trazo con la mirada, para evitar la censura de mi ojo cultivado.
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Luego abro los ojos, ojeo, creo entender, lo titulo.
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Pulso: una escritura que quiere dejar de ser signo de la voz, para serlo de la psiquis. Un sismógrafo de la emociones en un instante preciso. Y como tal, atenta a los ritmos de un interior que desconozco.
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Noni Benegas en Migraciones y encuentros: III Festival Internacional de las Artes de Arenas de San Pedro, 2010

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.Claroscuro del bosque

.Marta Azparren – José Luis Gómez Toré

.Amargord, colección Transatlántica/ Portbou

.78págs/ 10€

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El encuentro entre Celan y Heiddeger en Todtnauberg, anécdota y enigma del que nace  Claroscuro del bosque, la conversación que pudieran haber mantenido el poeta y el filósofo es en este libro imaginada por la artista Marta Azparren y el poeta José Luis Gómez Toré a través de un entramado de palabras, dibujos y espacios donde dialogan hasta hacer audible el silencio.

La cabaña de Heiddeger en Todtnauberg (Selva Negra) es el lugar físico, un destino turístico para ser consumido (como apunta Gómez Toré en el breve ensayo que acompaña al libro, antes de hablarnos de “la nostalgia del espacio, del lugar que se deja habitar porque tiene memoria […] copertenencia entre el ser humano y el mundo”), pero es sobre todo el espacio de Claroscuro del bosque, un lugar para cerrar los ojos y crear desde dos lenguajes artísticos distintos una propuesta estética, frágil sólo por abierta: un cosmos de signos que se comunican entre sí para interpelarnos; una conversación fragmentada, que “pierde a menudo el hilo”, poesía muy despojada, palabras mínimas como pequeñas pinceladas, y dibujos que son trazos donde respira la poesía. Aquí podéis ver la nota de Marta Azparren y José Luis Gómez Toré que precede al libro, y algunos fragmentos del mismo… Quién entra en el bosque…

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Este es el desierto collage que ha creado mi amiga, la ilustradora Eugenia Criado, para el cuaderno en el que se escribe Aral. Me encanta abrirlo, aunque últimamente me siento más relajada al cerrarlo. A mí me toca anclar los barcos en el collage. Os dejo un fragmento, susceptible de mutación, dudo si entrará en el poemario, ni Aral por el poema.

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Llegada [a] Aral

Meseta hueso

de nitratos. No arde

ya sin médula.

Viste parálisis y astillas.

El polvo desvertebra escozor

de clausura y óxido:

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imagen de una imagen

que antes de palpar.

Se quema.

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sonia bueno, de ´Aral´ :poemario en desmoronamiento.

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