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Fragmentos extraídos de la entrevista de Marcel Cohen a Edmond Jabès, publicada bajo el título Del desierto al libro (ed. Trotta).

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– Querría volver a Blanchot, cuya obra le es tan próxima y recordarle este análisis que, sin duda, se aceraca al suyo: ser judío «es una realidad que existe para que exista la idea de éxodo y la idea de exilio como movimiento justo; es una realidad que existe a través del exilio y por esta iniciatica que es el éxodo, para que esa experiencia de extrañeza se afirme en nosotros en una relación irreductible; es una realidad que existe para que, por la autoridad de esta experiencia, aprendamos a hablar».

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–Tal vez, efectivamente, fuera necesario el éxodo, el exilio, para que la palabra privada de toda palabra –y desde entonces enfrentada al silencio– adquiriese su verdadera dimensión. Palabra donde ya nada habla y que, por estar totalmente liberada, se hace profundamente nuestra; al igual que solo somos verdaderamene nosotros mismos en lo más árido de nuestra soledad.

No se ha profundizado lo suficiente, me parece, en la metáfora esencial que constituye la arena en el Génesis. Solo es en el desierto, en el polvo de nuestras palabras, donde la palabra divina podía ser revelada. Desnudez, transparencia de una palabra que cada vez nos es necesario encontrar de nuevo para esperar poder hablar. El caminar errante crea el desierto.

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–¿Quiere usted decir que el desierto sería el verdadero lugar de la palabra?

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–Sí. La palabra tiene permiso de residencia únicamente en el silencio de las demás palabras. En primer lugar, hablar es apoyarde sobre una metáfora del desierto, es ocupar una blancura, un espacio de polvo o ceniza, donde la palabra victoriosa se ofrece en su desnudez liberada.

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Edmond Jabès, `Del desierto al libro. Entrevista con Marcel Cohen´, trad. Ana Carrazón Atienza y Carmen Dominique Sánchez (ed. Trotta, 2000)

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Francis Ponge. dos poemas

«El árbol de Francis Ponge es un árbol que ha observado a Francis Ponge y se describe tal como imagina que éste podría describirlo. Extrañas descripciones. En ciertos aspectos, parecen del todo humanas: es que el árbol conoce la debilidad de los hombres que sólo hablan de lo que saben; pero todas esas metáforas tomadas del pintoresco mundo humano, esas imágenes que hacen imagen, en realidad representan el punto de vista de las cosas sobre el hombre, la singularidad de una palabra humana animada por la vida cósmica y la fuerza de los gérmenes; por eso, al lado de esas imágenes, de ciertas nociones objetivas –pues el árbol sabe que entre ambos mundos la ciencia es terreno de entendimiento– se deslizan reminiscencias procedentes del fondo de la tierra, expresiones en vías de metamorfosis, palabras en las que, bajo el sentido claro, se insinúa la espesa fluidez de la excrecencia vegetal. […] A decir verdad, las descripciones de Ponge comienzan en el momento supuesto en que, estando terminado el mundo, acabada la historia, casi hecha humana, la naturaleza, la palabra pasa delante de la cosa y la cosa aprende a hablar. […] De este modo se constituye en voluntad mediadora de lo que asciende lentamente hacia la palabra y de la palabra que baja lentamente hacia la tierra, expresando, no la existencia anterior al día, sino la existencia de después del día: el mundo del fin del mundo.» (Maurice Blanchot, “La literatura y el derecho a la muerte”, en De Kafka a Kafka).

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Francis Ponge. Dos poemas de Tomar partido por las cosas

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Los árboles se deshacen en el interior de una esfera de niebla

Entre la niebla que envuelve los árboles, las hojas les son robadas; las mismas que, desconcertadas por una lenta oxidación y mortificadas por la retirada de la savia en provecho de las flores y frutos, desde los grandes calores de agosto ya estaban menos unidas a ellos.

..En la corteza se labran regueros verticales por donde la humedad es conducida hasta el suelo, desinteresándose de las partes vivas del tronco.

..Se dispersan las flores, se desprenden los frutos. Desde la edad más temprana, el abandono de sus cualidades vivas y de partes de su cuerpo ha llegado a ser para los árboles un ejercicio familiar.

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El fuego

El fuego hace una ordenación: primero, todas las llamas se mueven en un sentido…

..(No se puede comparar el modo de andar del fuego más que con el de los animales: debe dejar un lugar para ocupar otro; camina a la vez como una ameba y como una jirafa, salta con el cuello, repta con un pie)…

..Luego, mientras las masas contaminadas con método se desploman, los gases que escapan se van transformando en una sola rampa de mariposas.

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Francis Ponge. Trad. Miguel Casado. En el volumen recopilatorio: La soñadora materia (Galaxia Gutenberg, 2006)

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