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Archive for 25 enero 2011

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José Cereijo será el poeta invitado por Rodrigo Galarza al ciclo de poesía Museo Salvaje, que coordina cada último miércoles de mes en el bar La Huelga.

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El silencio

Calla la vieja muerte hospitalaria,
calla Dios en su cielo,
calla el amor si es hondo, y también calla,
como el dolor, el tiempo.
Para qué tus palabras, si todo lo que importa
pertenece al silencio.

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José Cereijo, ´Música para sueños´ (Pre-textos, 2007)

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Rafael Pérez Estrada (Málaga 1934-2000) de pronto en mis manos: poesía imaginativa que roza también lo fantástico. Ruptura de las fronteras de los géneros, entre la textura narrativa y la entendida por poética, y espíritu fronterizo que se busca como objeto mediante la palabra. Los textos que se encuentran a continuación están sacados del capítulo “Vuelos” de su libro Cosmología esencial, catálogo de motivos e imágenes de su universo creativo.

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Vuelos

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De niña, sustuvo la agonía de un pájaro en su mano.

Muerta el ave, en los dedos siguió sintiend el corazón del animal en el alado unirse con la nada.

Algunas tardes, en las luces más tenues de la ancianidad (aquellas que ni siquiera trazan sombras), abría las ventanas esperando un vuelo inalcanzable.

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«Cuando vuelo –escribe Alex Nielsen en su diario– presiento que, aun hoy, algún piloto descubrirá en estas alturas, aquí, entre las apretadas y blandas formas de las nubes, un bestiario especialmente atrayente».

Steven Edelman advierte que esta anotación quizás se corresponda con los frecuentes sueños de Nielsen, en los que aparece, en la densidad de lo azul y en la culminación de un cielo impecable, un intrépido explorador en su trineo, arrastrado por perros celestes, animales que a punto de finalizar la visión se desintegran formando curiosas constelaciones de estrellas.

Puede que las ensoñaciones líricas de Nielsen le hayan convertido en el explorador más sagaza de su tiempo, y es curioso que, junto a las inscripciones de etnología, zoología y botánica, surjan, en lo marginal, extraños seres, milagrosamente suspendidos, que parecen querer poblar la soledad de la noche.

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Rafael Pérez Estrada, ´Cosmología esencial´, (ed. DVD, 2000)

 

 

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«Este desierto que nos rodea tiene su centro y en él, en Jaisalmer, viven vacas. Hay más vacas en Jaisalmer que las que puedan verse en cualquier otra ciudad de la India. Animales cuya extremada serenidad contrasta enormemente con la agitada atmósfera de estos sitios. Salir a la calle es toparse con la realidad; como darse con una puerta en las narices a cada paso. La India está llena de ser, todo-es, todo está lleno de ser. Y sin embargo, en la mirada de las vacas el mundo parece detenerse. Los ojos de las vacas engullen la realidad, son como aquel lago profundo que los teóricos indios llamam shantarasa, el estado de paz del cual todos los rasas o sentimientos estéticos emergen y en el cual vuelven a sumergirse. Los ojos de las vacas son los pozos donde toda alteración es devuelta a la estabilidad. Es cierto que la sacralidad de la vaca en la India es una cuestión religiosa: por ellas, la realidad mantiene su equilibrio y los dioses conviven con los hombres sin estridencias a pesar del bullicio. La India sin las vacas sería un lugar insostenible, tan asombrosamente densa esa realidad que en los ojos de las vacas se atempera.»

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Chantal Maillard, ´Diarios indios´, ed. Pretextos, 2005.

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“Entrar en la poesía es mantenerse en el umbral, es permanencia en el límite. No agotarlo aunque se penetre. Ése es el lugar donde nos sitúa Un hombre en el umbral, espacio híbrido y múltiple.”

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“En el umbral está el hombre, carne memoria y memoria encarnada. El hombre que recuerda lo que es que es lo que recuerda. El hombre que busca un hueco en un mundo hostil para encontrar la belleza. En la nimiedad de lo cotidiano y su detalle, en su metáfora y su desautomatización lo encuentra. El mundo readjetivado lo posibilita.”

…….(Del prólogo de Óscar Curieses a Un hombre en el umbral)

Rastros de una vida

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Surge pegado a la pátina del tiempo un gesto como un sacacorchos oxidado, la cara corrompida por la violencia de un grito ahogado que algún día retuvo pájaros azules, la piel pegada a los huesos pegados a la piel, una cara abocada al ultraje del tiempo en sus brochazos.

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Los brazos intentan zafarse de su propio cuerpo atrapado por sus brazos, las piernas sujetan la banqueta sujetando el cuerpo (como una camisa de fuerza), la sombra doblada sobre la roja sensación de escupir un ardor de derrota dentro de la jaula.

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El amarillo salta del azul al negro. La boca se funde en un escorzo despechado, mostrando unos dientes cuya blancura es negrísima. Miedo en la blancura y los ojos de los pozos que parecen un caballo ciego.

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La sangre se mezcla con la pintura como las palabras se funden con las piedras del barranco. Un sonido de hienas destroza el contorno de la memoria, ésa es la belleza de los animales salvajes.

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En el movimiento, en el giro desesperado que huye hacia la oscuridad, queda un atisbo de existencia, una huella corruptible, un rastro que se convertirá en cenizas.

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Carlos Huerga, ´Un hombre en el umbral´, (colección fragmentaria, ed. Amargord, 2010).

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El poeta chileno Juan Soros está invitado a participar en el ciclo de poesía “El ojo en la cerradura”, coordinado por el colectivo Lavarca Ebria. Su propuesta para esta noche: “El camino a Tarsis”.

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“Seguiré huyendo” leemos en Tarsis, y más adelante: “El horizonte no existe, /la otra orilla,/ no la quiero encontrar”. En este exilio se navega, entonces, bordeando el abismo y se individualiza la experiencia colectiva del dolor y el fracaso, del viaje hacia la muerte, conceptos que anclan en una serie de símbolos (el mar, la ceniza, el libro lastre, el libro quemado, etc.) que, junto con los vínculos y resonancias que se establecen con la tradición clásica y los libros sagrados, derivan en los poemas breves que articulan y fragmentan el poemario para desplegar sus lecturas en diferentes direcciones y espacios de sentido. Poesía como invitación a observarnos en todos nuestros pliegues.

 

“Un nuevo modo de silencio”, ha señalado Raúl Zurita de la obra de Juan Soros. Y así es el silencio de Soros, canto extrañado: se traduce en escritura temblorosa, que seduce antes de hundirse.

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Recomiendo una visita al blog del poeta Ernesto García López, Ritual, para leer sus palabras a cerca de Tarsis (pincha aquí)

 

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Habita una isla desierta

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(acompañado de voces)

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Habita una isla desierta

(esperando a muerte)

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Hasta que no espera más.

(el libro fue sólo

……………………….lastre necesario)

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Ahora, en la oscura sima,

pasan los días

(manos clepsidra)

……………………………….Todo es penumbra.

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Juan Soros, ´Tarsis´ (ed. Ventana Abierta, Chile, 1010)

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