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Archive for 29 mayo 2011

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Julieta Valero será la próxima poeta invitada a participar en “El ojo en la cerradura”, ciclo mensual de poesía que se propone arrojar luz sobre el microcosmos íntimo y creativo que se esconde detrás del trabajo de cada autor/a participante y coordinado por el colectivo Lavarca ebria. En torno al tema propuesto por Valero, “¿Palabra en libertad?”, se cruzarán la lectura de poemas, la reflexión y el diálogo. Miércoles 1 de junio, 21h, bar La Huelga (c/ Zurita 39)

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Poesía perturbadora por la inquietud que provoca en el lector y por su irracionalismo, ese modo por el que Julieta Valero trastorna el orden de las cosas a través de un sistema metafórico que transgrede los vínculos entre el plano literal y el evocado de toda metáfora, bajo el que se ocultan sujeto y referentes. Tal vez responda a un intento de cuestionar la mirada, cuando la ceguera cotidiana pretende aprehender la realidad de un modo lineal y en superficie. De ahí también lo roto del texto que ya en Los heridos graves se anunciaba y en el último poemario de Valero, Autoría, es constante. Los poemas  se estructuran a base de fragmentos que se pueden leer,  y funcionan, de manera aislada o en cualquier orden o desorden, como  cubos que pudieran moverse por el espacio de la página. Me recuerda al cubo de Rubik y cada fragmento, un cubito. Pero el rompecabezas puede resolverse, con paciencia, hay muchas combinaciones, pero tiene un límite. En poesía los límites son los del lenguaje, y dentro del lenguaje de Valero la realidad, como el cubo Rubik, se manifiesta con varias caras, aristas y volumen frente a lo meramente superficial; luego está lo que queda fuera del lenguaje, y la capacidad de sugerirlo a partir de la propia limitación.

 

Quizás el dolor como experiencia fundadora sea la única certeza en la poesía de Valero. El dolor, y escribir es la única posibilidad de combatirlo. Entonces ironía y distancia. El discurso proporciona, como dice Miguel Casado en la cita que cierra el libro, “el único espacio de existencia posible al sujeto”,  a ese sujeto lírico desprendido que se mueve bajo las distintas personas del verbo en la poesía de Julieta Valero, pero además, es una forma de poner límites al dolor a través del lenguaje. A pesar del escepticismo que impregna Autoría, la escritura de Valero al tiempo que horada, cura.

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Distancia

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Distancia para que el horizonte no signifique, sean

el árbol, octubre, esta cálida hora mayor.

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Para que la mano que lleva tu nombre

se acerque si gusta

al cuerpo que a veces me comprende

y encuentre química lumbre o el áspid de la puerta cerrada.

Pero siempre la salud de los pronombres,

la querencia del dos.

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Distancia en la orquestación de los asuntos,

para el alivio coral de amar a cuantos se ama,

para lanzarle a dios dardos sin rencores,

para que tanto césar en mi vida disponga

de mi piel, mi rabia,

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esta mesa con un pan.

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Caballo de humildad para aceptar los misterios.

Para disfrutar de los eclipses

trote de cordura. Distancia

que ilumine los encuentros como códices extraordinarios.

Para que cada hora dé su olor.

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Seguro de vida vivida. Patria tras el desastre.

Cuna de toda ficción.

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Julieta Valero, ´Autoría´, (DVD Ediciones 2010)

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«Isel Rivero no se vanagloria de la compleja situación en que la poesía se manifiesta, no hace de las fracturas que la alejan de las normas un motivo de engreimiento; sin embargo, estos rasgos (híbridos), estos acentos (extraños), estas coordenadas (múltiples) localizan su poesía y condicionan su recepción; y también se dejan notar en las características formales de sus poemas. Se notan, por ejemplo, en la insistencia en un decir fragmentario, o en la continua movilidad de sus estrategias poéticas.» (Benito del Pliego en el prólogo a Words are Witnesses/ Las palabras son testigos)

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Y entonces las palabras se imponen

un castigo eterno porque ¿qué

significan? las palabras son testigos

levanta un péndulo sobre mi cabeza.

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And then words inflict themselves

eternal punishment for what do they

mean? words are witnesses they

buil a pendulum over my head

***

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Precisamente silencio una honda bocanada de

silencio detrás de las ventanas

abiertas y la lluvia una historia sin contar

y sin embargo otra canción otra

conmovedora corona de susurros como el

niño que entró en la fría eterna noche

de alba

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Precisely silence a deep breath of

silence beneath the opened

windows and the rain no story

told yet another song another

moving crown of whispers as the

child entered the cold eternal night

of dawn

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Fin de lo ido

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El reloj no detiene el sonido del movimiento

un frío ronroneo de metal murmura tiempo aplaca

el vacío del cuarto una hueca necesidad de frecuencia

que mide las pausas que nunca llegan porque

el reloj no se detiene para contar a quien

dejó la habitación donde alguien aún sentado escucha

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Gone is Over

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The clock never stops the sound of movement

a cold purr of metal murmurs time placating

the room´s emptiness a hollow need of regularity

measuring the pauses which never como because

the clock never stops to count the one that

has left the room where one still sits listening

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Isel Rivero, ´Words are Witnesses/ Las palabras son testigos´. Prólogo y traducción de Benito del Pliego (ed. Verbum, 2010)

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CARTA ABIERTA EN DEFENSA DE LA PLURALIDAD Y CONVIVENCIA DE POÉTICAS
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La realidad no es legible de manera evidente. Las ideas y teorías no reflejan sino que traducen la realidad, pudiendo traducirla de manera errónea. Nuestra realidad no es otra cosa que nuestra idea de la realidad. Del mismo modo, importa no ser realista en un sentido trivial (adaptarse a lo inmediato), ni irrealista en el mismo sentido (sustraerse de las coacciones de la realidad); lo que conviene es ser realista en el sentido complejo del término: comprender la incertidumbre de lo real, saber que existe una porción de lo posible aún invisible en lo real.
Edgar Morin

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El lenguaje poético es un patrimonio colectivo. Una urdimbre tejida en la arena de la diversidad. Nuestras tradiciones literarias siempre se han visto atravesadas por múltiples mutaciones que han ayudado a componer y descomponer el ovillado paisaje de la palabra. No en vano la palabra recoge la complejidad genésica de nuestra existencia. Así ha sido en el caso de la lengua española. Las literatura(s) panhispánica(s) (de acá y allá, en diálogo unas veces, aisladas otras) siempre han manifestado en su devenir histórico la riqueza de lo plural, el desborde de lo conectivo. No existe una deriva única de lo poético. Nunca se produjo una voz homogénea para toda nuestra tradición. Las tentativas de encerrar el lenguaje literario dentro de límites inamovibles han dado como resultado estructuras cerradas de pensamiento que trabajan en contra de la propia y esencial condición de la palabra.
Las personas que firmamos esta carta creemos firmemente en esta pluralidad poética heredada –a la que hemos tratado de contribuir activamente con nuestro propio trabajo– y por eso nos mostramos resistentes a cualquier forma de cierre normativo. Creemos necesario alzar un muro de contención ante actitudes que pretenden reproducir debates que «ya» no son legítimos –que, en realidad, nunca lo fueron– porque representan en sí mismos una agresión a esa misma pluralidad conquistada, al trabajo y legado creativo, teórico y vital de muchas poéticas y poetas precedentes y que recogen de manera natural el legado incuestionable de los padres de la modernidad poética: del romanticismo inglés y alemán al surrealismo pasando por Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé. Ha costado mucho desterrar de nuestro campo literario el cainismo y la exclusión. No vamos a consentir ahora que vuelvan a reproducirse estrategias envenenadas similares. El debate de poéticas es necesario, útil el contraste filosófico, intelectual, en torno a la creación, pero siempre en el marco de un respeto escrupuloso a la diversidad y el disenso.
Por todo ello queremos reivindicar como legítimo y propio de la(s) poética(s) panhispánica(s) actual(es) los siguientes elementos:
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Escritura(s). En plural. Modos del lenguaje que se encuentran. Ningún programa prescriptivo. Huellas. Rescoldos a modo de conceptos, de cruces, de intuiciones. Ninguna tabla de la ley. No sabemos. Quizá sean un modo de operar, de practicar la literatura. Ese acontecimiento ignoto. No sabemos. Disparan la semilla de lo por hacer y de lo hecho. No sabemos. Mueven a la acción.

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Tradicion(es). En plural. Linajes incrustados, desde siempre, en nuestra modernidad, en nuestra memoria literaria. Linajes que se activan y se iluminan desde el presente y de los que debemos hacernos merecedores. Como afirmó Eliot, la tradición «no se puede heredar, y si la deseas debes obtenerla con gran esfuerzo». Cada poeta se forja y construye su tradición, su propia cadena de ejemplos y magisterios, y este esfuerzo es en sí mismo un acto poético, una intervención en el mundo. Puede ocurrir –y de hecho ocurre– que este esfuerzo ponga a prueba nuestra capacidad de asunción cognitiva o de mera comprensión, incluso a lo largo de toda una vida de esfuerzo. La dignidad e inteligencia vitales consiste entonces en asumir esta discapacidad en vez de darle el formato autoexculpatorio de lo incomprensible, lo hermético, lo bárbaro y despreciable. Imposible simplificarla, esencializarla, despotenciarla a través de marbetes o etiquetas reductoras. Imposible normativizarla en interés propio, mediante operaciones espurias de exclusión o ninguneo. Voces habitadas para nuestro presente y nuestro futuro.
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Heterodoxia(s). En plural. Nunca una lectura unívoca de lo poético, no podemos aceptar como obvio ni la desaparición del habla ni el habla homogeneizada. La palabra poética implica desborde, intersubjetividad, entramado conectivo, intersticio, complejidad. Y significa todo ello porque dialoga con lo humano.
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Poética(s). En plural. No hay una poética una que convierta a las demás en otras. No hay norma, no hay centro natural o tácito. Queremos (re)afirmar y defender el deseo y la probada capacidad de convivencia de poéticas diversas que han demostrado en los últimos años su resistencia a la codificación. No precisamos para construir o apuntalar una identidad la negación del Otro. No vivimos la alteridad como amenaza, sino como nutriente y condición necesaria para la construcción de nuestra posible identidad colectiva y personal.

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Hibridez y Diversidad(es). En plural. Creemos que la poesía no es mercancía, no es hija de la rentabilidad económica. Tampoco de las ideologías. La poesía es una multiplicidad de pájaros, aves raris, aves migratorias, que ponen su nido en lo alto, alejado del manoseo y voracidad de las alimañas y carroñeros. No podemos, por tanto, hablar de «una» poesía, sino de «poe-diversidad», en constante vuelo, en constante cruce, en constante mestizaje. Y no enjaulada, sino libre, puede ser del mundo, desde el mundo, con el mundo. Pero siempre «haciendo mundo».
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Pensamiento(s). En plural. Desconfiamos de los falsos dualismos (razón y emoción, realismo e irracionalismo, público y privado, naturaleza y cultura…) en los que se ha querido encerrar lo poético. Se trataría, como dice Miguel Casado, de «ampliar la noción de pensamiento, extenderla a todos los movimientos de la mente, a uno y otro lado de la conciencia, a todos los movimientos interiores del lenguaje que de modo constante nos recorren y atraviesan». En definitiva: destacar el carácter desestabilizador y genésico de la palabra poética como apertura del pensamiento.
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Realidad(es). En plural. La relación de lenguaje y realidad es compleja, porque ambas son complejas de por sí y más cuando se relacionan, influyen, comunican. Es simplista y equívoco detenerse en un estilo o propuesta, en una sola manera de abordar esa difícil exploración de la materia (humana y no humana) que llegará a ser poema.

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Subjetividad(es). En plural. Sin menoscabo de que cada uno/a pueda o quiera llevar la voz poética adonde crea conveniente. Todas las formas de enunciación tienen sentido y no seremos nosotros quienes juzguemos la pertinencia de lo que cabe o de lo que debe desaparecer.
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Emoción(es). En plural. No codificadas, no predeterminadas en un calculado ejercicio de causa- efecto practicado desde las inevitables limitaciones del poeta sino trascendidas y reveladas junto a él en un proceso que hermana escritura y lectura, que convierte al lector en agente activo y co- productor de sentido.
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Lector(es). Recepciones. Por todo lo anterior reivindicamos el respeto a la inteligencia y creatividad lectoras, a la libérrima capacidad de sorprenderse y sorprendernos de aquel que generosamente se acerca a un texto para darle vida; a su derecho inalienable de que nada ni nadie se haga garante ni faro de sus emociones, su criterio, su infinita libertad.
Así, queremos reivindicar la convivencia de poéticas, la pertinencia del debate crítico, la belleza de la pluralidad como alimento de lo creativo. Y rechazamos de manera frontal cualquier estrategia de apropiación, simplificación o reduccionismo literario.
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Y para que así conste lo firmamos en Madrid a 17 de mayo de 2011.

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«Yo siento el lastre. Yo siento límites. Yo siento que a lo sumo consigo que éstos sean elásticos y vuelvo a la mosca contra el vidrio: en el otro lado fulge la dicha de ser. Detenida por inflexible transparencia, la mosca no se explica que no pueda volar al espacio ante sí abierto. El vidrio de la mosca, camisa de fuerza de la mente. Siento que sigo dando cabezazos, siento que me ataja la diafanidad. No soy más que una mosca, oh, Leonardo, y a cabezazos elevo mi estructura.

Estoy en la ventana, el sol inunda el Jardín y no  puedo salir, cada vez me estrello, no tengo la fuerza requerida para romper el vidrio. Lo rompo sólo con mi muerte, así paso al otro lado. Sólo así paso al otro lado. Sólo así. Al otro lado. Al otro lado con la bellísima fianciulla, Puta Infinita.

Ahora soy el niño enfermo que ve jugar niños bulliciosos, que escucha las risas y los gritos en el jardín soleado, persiguiendo mariposas que se les escapan. Me asomo triste a la ventana, escondiendo mi impotencia. No hay ni una nube y un pájaro canta, ebrio de la luz del mundo.

La música, la pintura, la poesía, el cine, la arquitectura, la danza, el silencio, lo informe gritan en el mismo infierno un desesperado ¡Viva la vida!

El mar se disuelve en mis papeles. Las gaviotas regresan a los peñascos. Huellas de cangrejos en las márgenes de mi página son barridas por la marea. Las palabras cantan con sus grandes órganos y veleros alegres surcan su música concisa. Cuánta luz se expande en todas las direcciones, inundando el mundo de suavidad. Como pocas veces, se siente el placer de vivir.

Secretada por mis entrañas, he construido malla finísima que captura mitos, pájaros y crepúsculos, y avanzo mar adentro de mi hoja cada vez más blanca, más blanca, sin atreverme a macular su silencio. No me atrevo ni a lanzarle el primer grito ni el menor signo que tormentas causaría en límites que no alcanzo a contemplar. El silencio revierte sobre mí su diluvio, y estoy codiciando escribir esa elocuencia. ¿Qué otra cosa he hecho toda mi vida?

He querido bañarme y bañarte, ahogarte y ahogarme en el mar disuelto en el verbo, en el sol disuelto en el verbo, en la infinita sutileza de las cosas, con la hormiga y el cristal.

Tengo en mi mano, como un insecto, el Infinito. Lo lanzo; es un dado. Su cifra, siempre la misma.

En mi hoja cubierta por la noche ha comenzado a despuntar el día. El viento marino me azota la cara. El sol borbolla oro mudo y compasivo.

Estoy medusado por la blancura; por fin avanzo dentro de la blancura en la cual se fundieron todos los colores, y me voy hundiendo, hundiendo, sin tocar fondo nunca. ¡Nunca!

Escribir…»

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Luis Cardoza y Aragón. ´El poeta y la crítica. Grandes poetas hispanoamericanos del siglo XX como críticos´(Ed. UNAM, 1998)

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