Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘maillard’

«Este desierto que nos rodea tiene su centro y en él, en Jaisalmer, viven vacas. Hay más vacas en Jaisalmer que las que puedan verse en cualquier otra ciudad de la India. Animales cuya extremada serenidad contrasta enormemente con la agitada atmósfera de estos sitios. Salir a la calle es toparse con la realidad; como darse con una puerta en las narices a cada paso. La India está llena de ser, todo-es, todo está lleno de ser. Y sin embargo, en la mirada de las vacas el mundo parece detenerse. Los ojos de las vacas engullen la realidad, son como aquel lago profundo que los teóricos indios llamam shantarasa, el estado de paz del cual todos los rasas o sentimientos estéticos emergen y en el cual vuelven a sumergirse. Los ojos de las vacas son los pozos donde toda alteración es devuelta a la estabilidad. Es cierto que la sacralidad de la vaca en la India es una cuestión religiosa: por ellas, la realidad mantiene su equilibrio y los dioses conviven con los hombres sin estridencias a pesar del bullicio. La India sin las vacas sería un lugar insostenible, tan asombrosamente densa esa realidad que en los ojos de las vacas se atempera.»

.

Chantal Maillard, ´Diarios indios´, ed. Pretextos, 2005.

Anuncios

Read Full Post »

¿Poesía ahora?

[…] ahora, después del desencanto y la hibridación de los géneros, puede que la poesía, algún tipo de poesía vuelva a sernos necesaria.

Pero ¿qué tipo de poesía? Y ¿para qué?

Respondamos a lo segundo en primer lugar: para volver a entrañarnos. Porque la metafísica no nos ha simplificado la vida ni nos la ha hecho más llevadera. Porque nuestra identidad de pueblo se ha desintegrado en pequeñas cápsulas (unifamiliares, individuales) y seguimos anhelando una unidad mayor. Y, sobre todo, porque ahora, para la conciencia postmoderna, la existencia misma es la que se ha vuelto extraña y es problable que echemos en falta un nuevo entrañamiento. […] Y si de lo que tenemos necesidad, hoy en día, es de un nuevo entrañamiento, el poeta que requerimos no habrá de evadirse de lo concreto. […] La poesía que necesitamos es aquella capaz de devolvernos la conciencia de una semenjanza fundamental, aquella que nos permita el reconocimiento de nuestra común condición en la singularidad de cada acontecimiento. El poeta al que convocamos es alguien que tenga oído para captar el ritmo, la vibración de un ente, su sonoridad, su peculiar forma de vibrar, y la capacidad de transmitirlo.

A lo que aludo es a algo, en realidad, muy viejo, algo de lo que, por ejemplo, han dado cuenta pormenorizadamente los antiguos tratados de poética de la India. Se trata de la empatía, un concepto que hallamos, en aquellos tratados, emparentado con el de resonancia o sugerencia de la palabra poética. Dicha resonancia se propaga, según la imagen empleada por los autores indios, en los oyentes, como las ondas concéntricas en torno al lugar de impacto de una piedra lanzada en la superficie de un lago en calma.

[…]No parece que quepa, hoy día, otra poesía más que la que diga el hambre. Y el terror. La desolación y la extrañeza. Que lo diga para que nos reconozcamos en ello. En comunidad. Con las cosas. Cosas, también, nosotros. La identidad colgándonos del hombro como una chaqueta raída.

Luego, al igual que un personaje de Beckett, atender al balbuceo, como mucho.

Sobre todo, atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, antes del logos, el no saber cargado de compasión por los seres que viven con su hambre.

Chantal Maillard, en ´Contra el arte y otras imposturas´ (Pre-textos 2009)

Read Full Post »

Las patas con las que corre hasta el fin del mundo no son velludas, no están soportadas por huesos, no están colgadas de una sólida pelvis circular.

Son como gomas de borrar, como un correr de tedio.

La escarcha de la hierba en los prados no se les queda adherida.

Las patas con las que corren los meidosems no son patas que a los animales les gustaría tener para correr más rápido, cuando la víctima es avistada y tan apetecible en  su sobresalto… si uno logra alcanzarla.

No, no es ese tipo de patas.


Una cuerda dentro de una torre, se enrosca en la cuerda. ¡Hecho! Se da cuenta de que hay error. Se enrosca en la torre. Se da cuenta de que hay error. La torre cede, se inclina. Hay que enderezarla. Recibe la visita de tres monos y les hace los honores de la torre. Los monos están inquietos y la recepción no es perfecta. Sin embargo la torre está ahí, hay que subir, hay que bajar, hay que volver a subir con dos monos en los brazos y un tercero que se pelea con su pelo. Pero el meidosem es mucho más distraído que el mono. El meidosem siempre piensa en otra cosa.

Aquel ser endeble piensa en ser más endeble aún, cuando, habiendo conseguido dominar la agitación de sus pocos hilos, pasado un tiempo no excesivamente largo, sea como si nunca hubiese sido.

.

Mientras tanto, hacen falta más torres. Para ver más lejos. Para poder inquietarse desde más lejos.

.

Henri Michaux, ´Retrato de los meidosems´. Trad. Chantal Maillard (Pretextos, 2008)

.

Retrato de los meidosems es la expresión de un mundo, el nuestro, despojado de sus apariencias. Los meidosems somos nosotros, contemplados debajo de la piel, reducidos a estados, a nudos, a elasticidad, con impulsos que son trayectorias y estados que son núcleos. […] El universo meidosem no es un universo paralelo, ni posible, ni imposible, tampoco es una simple metáfora; es este mundo nuestro contemplado a través de una mirada que sabe librarse de los prejuicios con los que el entendimiento repite y reproduce anticipando la realidad, que sabe no recordar antes de ver, y que posee el don de saberlo expresar.” (Chantal Maillard)

Read Full Post »

Hainuwele. Chantal Maillard

Hainuwele, enamorada del Señor de los bosques, se ofrecerá con absoluta naturalidad, perdiéndose a sí misma en el encuentro con su amado como lo haría cualquier devoto de un dios, o de la Diosa, en India. El sacrificio, el acto sacro, no es sino la descarga, el desasimiento de lo que en nosotros se distingue de todo lo demás, en este caso del bosque. Es el acto último de la voluntad que deja de ser propia y entra a formar parte de la danza”. (Chantal Maillard)

Este atípico mes de noviembre es también un regalo; Chantal Maillard publica dos libros: Tierra prometida (editorial Mil razones)y Hainuwele y otros poemas (Tusquets). Hainuwele me ha acompañado estos días, y no puedo más que recomendar la lectura de este libro tan necesario. Que sean sus poemas los que hablen:

.

Si preguntan quién soy, contesto:
vibro a mayor velocidad que un árbol.
Y si preguntan qué desei, digo:
quiero asistir al parto de las hadas
en los nenúfares.
Pero mi voluntad cada vez se parece más
a mi destino: vibrar alto y fuerte
como la última mujer
que danzase con alas de libélula.
Si preguntan por mí diré
que la mirada del hombre es de cristal
que refleja el deseo y hace al mundo a su imagen.
Yo seré aquello que tiñe de rojo
el cristal afilado
cuando la sangre brota más veloz
que la savia de un árbol
herido:
la imagen de la luz cuando amanta.

.

* * *

.

Ayer cae la lluvia
mañana leopardos

Las niñas cantan amasando el barro
en la ribera.
Como un felino el lago eriza
su pelaje manchado y se estremece
bajo la lluvia parda.

Ayer nace mi padre
mañana nazco yo

Sonríes sobre el agua.

.

Chantal Maillard, Hainuwele y otros poemas. Tusquets, 2009


Read Full Post »