Un miércoles al mes, a las 21.00h, en el bar La Huelga (c/ Zurita 39, Madrid)
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Sí…
¡Que todo sea perdonado!
Él ya rescató el poema del veterano ataúd.
La urna de su insomnio ha sido profanada.
La noche se ha puesto la indumentaria de los cementerios.
Hacedle un hueco a las palas y no escuchéis el coro del frío,
……silenciadores de los guardianes sobrios.
-¿Dónde está tu rostro?
-”Bajo el veloz cabello de los sedados”.
-¿Dónde tus manos?
-”Bajo mis telescópicas uñas sumergidas”.
-¿Dónde…?
-”No seas insensato.
…Ahora no soy sino la viruta de un lapicero exhausto.
…Apártala con cuidado y verás mi voz escrita.
…Mi rostro y mi cuerpo son de Beatriz.
…Incumpliste el quinto mandamiento.
…Me enterraste viva”.
Cesó el lamento senil del sauce enamorado.
Cayó la fusta infante a los pies del arrepentido.
Él ya plantó otro árbol y lo regó con la sangre seca de su voz escrita.
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Beatriz Russo, ´La prisión delicada´(Calambur, 2007)


